Introducción.
Actualmente vivimos en un entorno altamente cambiante, competitivo y
globalizado. Todo ello nos lleva a decir que la gran ventaja competitiva que
tienen las empresas son sus personas, ya que cualquier tecnología es copiable,
patentable y exportable, pero las personas son únicas. Por tanto hay que decir
que los superiores en las empresas, es decir, los directivos, son las personas
que han de saber liderar a su gente y han de tener diferentes dotes, como
aptitudes de comunicación y de toma de decisiones, sensibilidad cultural,
capacidad de resolución de conflictos y de superación de la ambigüedad, además
de tener sólidos conocimientos técnicos, haciendo así que su equipo humano sea
el mejor.
Para que haya motivación en el trabajo, es preciso que se desarrolle un
buen estilo de liderazgo por parte de los superiores, que vendrá dado por
aquellas personas que tienen determinadas características y saben influir en el
logro de los objetivos de los otros. En este sentido, intentaremos definir que
es el liderazgo, propondremos reflexionar sobre cuáles son las características
de los lideres y también presentaremos los diferentes modelos de liderazgo a lo
largo del tiempo,. También presentaremos el coaching, una técnica que permite a
los lideres mejorar sus capacidades del trabajo en equipo, incrementar su
carisma y empatía y por tanto influyendo positivamente sobre sus subordinados.
Mediante una metodología estructurada, permite trabajar en la mejora del
rendimiento y en el desarrollo del potencial de las personas. Las
organizaciones que apuestan decididamente por el desarrollo del capital
intelectual encuentran en el coaching un modelo de inestimable valor para
llegar a las personas.
Son muchos los directivos que confunden el papel de líder con el papel de
directivo. Por ello, a partir de ahora vamos diferenciar ambos conceptos pero
no porque sean antagónicos sino porque nos ayudan a establecer y delimitar las
conductas (competencias) de éxito que están relacionados con la gestión de
personas y de grupos. Pues un buen gestor/a de personas demuestra conductas de
dirección y de liderazgo dependiendo de situaciones y personas, y muy
especialmente, de las necesidades organizacionales de carácter estratégico. Por
tanto, no es lo mismo “Dirigir” que Liderar”. Mientras el concepto de Dirigir
tiene las connotaciones de Autoridad y Poder, Liderar no lo implica
necesariamente, siendo, en muchos casos, determinante la influencia. Ahora
bien, en muchas ocasiones, se le atribuye un poder personal más profundo que el
poder formal inherente al cargo que ocupa. Esto surge, como consecuencia, de la
integridad y coherencia reconocida y otorgada por los demás. Una persona puede
actuar como líder de un grupo sin ser directivo o mando, sin embargo
difícilmente será un directivo/mando eficaz sino es, al mismo tiempo, líder de
su equipo y de las personas que gestiona.
La principal característica de un “gestor/a de personas” es la posibilidad
de combinar las competencias propias del directivo (directivo-ejecutivo), con
las del líder (directivo-líder). En otras palabras, tal y como se indica en el
cuadro es alguien que sabrá combinar de forma extraordinaria una serie de
competencias y el compromiso emocional necesario. La consecuencia es que
conseguirá los resultados, bien sean de carácter organizacional (estratégico),
de equipo o individuales, por encima de lo esperado.
Liderazgo
en la contemporaneidad.
En las organizaciones de hoy en día, los líderes deben
actuar y pensar como animadores para que su equipo de trabajo despegue a gran velocidad hacia el éxito. Mucho se dice acerca de la visión de los empresarios pero no se toma en
cuenta la energía que estos utilizan para poner en práctica los enfoques que
crearán su cultura
organizacional y que determinará su imagen
corporativa y su posición en el mercado. Ésta energía emana de las convicciones, conocimientos, valores y
principios que lo motivan a vivir y a trabajar. Estas personas infunden vida en
la organización. De allí que se debe usar la palabra animador, de tal manera que una vez
que la organización tiene el potencial para vivir y sobrevivir, las
convicciones, los valores y las suposiciones básicas del empresario se transfieren a los modelos mentales de su equipo de trabajo.
De manera que, si una organización tiene éxito atribuible
a sus líderes, la entera personalidad de estos se incorporan a la cultura organizacional. Los verdaderos líderes son los individuos con visiones y
compromisos y una aceptación que va más allá de las habituales preocupaciones
de la dirección. Ellos configuran niveles más altos de preocupación social que
los que requieren las destrezas fundamentales de la dirección. En conclusión,
el nuevo liderazgo, o mejor dicho el liderazgo de las organizaciones de hoy en
día deben adoptar seriamente los valores y principios que son inherentes a una
sociedad diversa.
Covey (1992) en su libro Liderazgo basado en principios citado por Alemán (2002), afirma que el
verdadero poder de liderazgo emana de poseer un carácter honorable y del ejercicio de ciertas reglas y principios del poder. La
mayoría de las teorías sobre el tema explican por qué surgió y sobrevivió determinado líder pero
no ayudan a prever futuros líderes ni a cultivar la capacidad de dirigir. Hay
un enfoque más fructífero: observar a los partidarios de los líderes, y valorar
el liderazgo preguntando por qué razón hay quienes les siguen, para ello Covey
(1992) explica tres tipos de poder por las cuales se sigue a los líderes, pero
se las puede examinar desde tres perspectivas diferentes:
Poder coercitivo: La motivación es el miedo. Las personas temen lo que puede suceder si no obedecen lo que
se les pide. O temen perder algo bueno. Así el partidario finge lealtad, pero
su compromiso es superficial y su energía puede transformarse rápidamente en
sabotaje y destrucción cuando nadie lo ve o cuando la amenaza ha desaparecido.
El líder también actúa por temor a no obtener sumisión. Se trata del enfoque de
"mano dura" que pocos defienden en público pero muchos están
dispuestos a usar, bien porque les parece justificado frente a otras amenazas
más graves, o porque parece funcionar bien en ese momento. Pero su eficacia es mera ilusión. A menudo moviliza las energías de los seguidores para
unirse y resistir por medio de formas tan creativas como descontroladas.
Alienta la sospecha, la mentira, la deshonestidad, y a largo plazo la disolución.
Poder utilitario: Se sigue a los líderes por los
beneficios que se pueden obtener de ellos. La motivación es el intercambio útil de bienes y servicios: los seguidores tienen algo que el líder desea (tiempo, talento, dinero, recursos personales, apoyo, etc.) y el líder posee algo que ellos quieren
(información, dinero, posibilidades sociales, camaradería, seguridad, oportunidades. Los seguidores actúan creyendo que el líder podrá y querrá
hacer algo por ellos, si ellos cumplen con su parte. La relación se mantendrá
mientras los seguidores sientan que se les retribuye equitativamente, lo que
otorga gran preeminencia al sistema judicial. Fomenta una forma de ética situacional en la cual los individuos
deciden continuamente qué es lo bueno, lo correcto y lo equitativo, careciendo
de valores organizacionales compartidos. Gran parte de lo que sucede en
las organizaciones (empresas, familias) está regido por este poder.
Poder centrado en principios: Los seguidores siguen al
líder simplemente por qué eso es lo que desean, quieren creer en ellos y en sus
causas, desean hacer lo que el líder decida. Estos líderes son personas en las
cuales se confía, y a las cuales se respeta y se honra. No se trata de fe ni de
obediencia a ciegas; es por el contrario un compromiso consciente, de todo corazón y totalmente libre. Casi todos hemos experimentado como seguidores este
tipo de poder en nuestras relaciones, con alguien que ha influido profunda y
significativamente en nuestras vidas. Puede haber sido alguien que nos brindó
la oportunidad de triunfar y destacar, o nos alentó cuando lo veíamos todo
negro. Lo que hizo, lo hizo porque confiaba en nosotros, y se lo retribuimos
con respeto, lealtad, compromiso y voluntad casi incondicional. El poder centrado en
principios se origina cuando los valores de los seguidores coinciden con los
del líder. Es la marca de calidad, distinción y excelencia en todas las relaciones. Se basa en el
honor: el líder honra al seguidor, y este opta por colaborar porque también
honra al líder. Este poder estimula el comportamiento ético. La ética se sustenta en el compromiso de hacer cosas correctas
porque estas son valoradas y ejemplificadas por el líder, y sancionadas por la
visión que éste comunica.
De lo anteriormente planteado, se desprende que la opción
esencial del liderazgo es decidir cuál será la base de su poder: coerción, utilidad o principios. Si un líder carece de habilidades interactivas bien
desarrolladas, o de la capacidad de permanecer fiel a valores bien arraigados
cuando se está bajo presión, o de una trayectoria de integridad y confianza, es prácticamente
imposible que al encontrarse frente a una crisis, no recurra a la fuerza.
Por otra parte, las acciones tácticas para aumentar las
opciones utilitarias del líder, pueden ser utilizar la pericia, buscar puestos
de mayor status, acumular conocimiento e información, o acercarse al máximo a sus seguidores simplificando
mecanismos para crear relaciones funcionales. De tal manera que, si un líder
quiere aumentar su poder centrado en valores debe adoptar un compromiso a largo
plazo. No se puede fingir sinceridad por demasiado tiempo ni la confianza puede
ser fabricada. Más allá de lo que puede hacer por sus seguidores, la
profundidad del poder está determinada por lo que son. Mas aun, cuanto más
honrado, respetado y genuinamente considerado sea un líder, más poder legítimo
tendrá respecto de los demás. Ser honorable equivale a tener poder. Las
siguientes sugerencias aumentarán el honor y el poder del líder sobre los demás:
La persuasión: Incluye el compartir las razones (el
porqué y el cómo), defendiendo con firmeza su posición pero manteniendo un
auténtico respeto por las ideas y perspectivas de los seguidores. Comprometerse
a mantener el proceso de comunicación hasta alcanzar beneficios mutuos y resultados satisfactorios.
La paciencia: con el proceso y con la persona. Mantener
una perspectiva a largo plazo y el compromiso de ser fiel a sus objetivos, a
pesar de los errores e inconvenientes causados por los seguidores, y a pesar de
los obstáculos y contratiempos inmediatos.
La delicadeza: En oposición al rigor, la dureza y la
presión extrema, cuando se debe afrontar los puntos vulnerables, los desplantes
y los sentimientos de los seguidores.
La disposición a aprender de los demás: Actuar con el
supuesto de que uno no tiene todas las respuestas, ni todos los datos. Valorar los diferentes puntos de vista, juicios y experiencias que puedan
tener los seguidores.
La aceptación: No juzgar a otros, sino otorgarles el
beneficio de la duda. No exigir que presenten pruebas de su desempeño, como condición para afirmar su alta autoestima.
La bondad: La sensibilidad, la preocupación y la
consideración para con los demás. Tener presentes las pequeñas cosas o detalles
que son importantes en una relación.
La actitud abierta: Mostrar plena consideración por las intenciones, deseos, valores
y objetivos de los seguidores, y no concentrarse en su comportamiento. Detectar
sus perspectivas y en que pueden convertirse, respetando en todo su valor lo que hoy son.
La confrontación compasiva: Reconocer la equivocación y
la necesidad de que los seguidores corrijan el rumbo, en un contexto de
auténtico tacto y calidez hacia ellos. Hacerles sentir que pueden arriesgarse a
tomar iniciativas sin deterioro de su seguridad.
La consistencia: El estilo de liderazgo no es una técnica
de manipulación que se pone en juego cuando las cosas no se hacen como uno quiere, o se enfrenta una crisis.
Por el contrario se convierte en un marco de valores, en un reflejo del propio
carácter, de quién es y en qué se está convirtiendo uno mismo.
La integridad: Armonizar honestamente las palabras y los
sentimientos, con los pensamientos y los actos. Tener la aspiración de hacer el
bien a los demás, sin el menor deseo de engañarlos, de aprovecharse de ellos,
manipularlos ni de controlarlos. Revisar constantemente la propia congruencia.
Muchos piensan que estos valores, principios e ideales
solo se pueden hallar en líderes sobresalientes como Mahatma Ghandi, pero que
son difíciles de encontrar en la vida cotidiana. Ghandi respondió a esta
preocupación así: "No tengo dudas que cualquier hombre o mujer podría haber logrado lo mismo, si hubiera hecho el mismo esfuerzo, y
sostenido la misma esperanza y la misma fe que yo".
El líder que opera sobre la base del poder centrado en
principios, descubrirá que es más cuidadoso en lo que exige a los demás, pero
que tiene más confianza en hacerlo. A medida que aumente su entendimiento de la
relación entre el poder y el liderazgo, crecerá su capacidad para dirigir e
influir en otros sin forzarlos. Y experimentará la poco habitual paz mental que
emana de ser un líder más sabio y eficaz.
Siguiendo a Covey (1992), citado por Alemán (2002),
también se señalan las características distintivas de los líderes centrados en
principios, de acuerdo a Ser Humano y Trabajo, comunidad de aprendizaje permanente, que tales características serían: aprenden continuamente,
tener vocación por servir, irradian energía positiva, creer en los demás,
dirigir sus vidas de forma equilibrada, ver la vida como una aventura, ser
sinérgicos y ejercer para la autorrenovación.
De allí, que los verdaderos líder obran en función no tanto en pro de su proyección personal, de sus propios intereses, deben
saberse integrar en función de los intereses de los demás, de su comunidad. Aprovechar su potencialidad de conducción de guía, de tal forma que
mantenga siempre motivado a sus seguidores, actuando, produciendo, generando
resultados, jamás hacer uso del poder como amenaza, saber influenciar,
persuadir y despertar en cada uno de sus seguidores su creatividad, ese potencial que sea capaz de generar transformaciones. Para los
verdaderos líderes, este rol no es un trabajo que les traerá satisfacción
monetaria, es un modo de vida, es una actitud, la cual estará llena de
recompensas y satisfacciones en todos los ámbitos.
Conclusiones.
* El liderazgo tiene aplicación tanto para nuestra vida, tanto a nivel
familiar o nuestro trabajo.
* Es indispensable que se conozcan sus motivaciones, para que la empresa
alcance su objetivo prioritario.
* Se debe admitir que hay diferencia de opinión en relación con la fijación
de objetivos debe ser considerado como parte del planeamiento.
* Es imposible que el hombre se desligue de sus emociones, por lo cual se
hace conveniente crear consciencia acerca el rol que cumplen los líderes en el
mundo de hoy.
* La gran fuente de ventaja competitiva de las empresas de hoy en día
radica en sus personas, ya que mientras que cualquier tecnología es copiable,
patentable y exportable, las personas son únicas. Por tanto, los superiores en
la empresas, es decir, los directivos, son las personas que han de saber
liderar a su gente y deben tener diferentes dotes, como aptitudes de
comunicación y de toma de decisiones, sensibilidad cultural, capacidad de
resolución de conflictos y de superación de la ambigüedad, además de tener
sólidos conocimientos técnicos, haciendo así que su equipo humano sea el mejor.
* En este sentido, hemos definido lo que cabe entender por liderazgo (el
proceso de dirigir e influir en las actividades laborales de los demás miembros
de un grupo) y hemos apuntado cuales son las características de los lideres. A
continuación, hemos comentado las principales propuestas que han ido realizando
los expertos en el tema, acerca de la existencia de distintas teorías
explicativas de diferentes estilos de liderazgo.
* Aunque algunos autores han dado la impresión de que el liderazgo es
sinónimo de dirección, eso no es correcto, pues los lideres no solo se
encuentran en la jerarquía directiva, sino que también pueden hallarse en
cualquier parte de la organización, incluidos los grupos informales de trabajo.
Así, el liderazgo es una parte de la dirección, pero no toda ella. El liderazgo
es la habilidad de convencer a otros de que persigan con entusiasmo el objetivo
de los objetivos definidos; es el factor humano lo que une a un grupo y lo
motiva hacia sus objetivos. Las actividades de la dirección, como la
planificación, la organización, y la toma de decisiones, no son efectivas hasta
que el líder estimula el poder de la motivación en las personas y las dirige
hacia sus objetivos.




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